Creí que me encontraría con una propuesta argumental diferente sobre la guerrilla colombiana, pero si bien es cierto que el relato de los niños subversivos en el país no ha sido muy explorado en el largo historial del cine del conflicto armado en Colombia, el camino que toma el guión sí es una constante en dicho cine. 

Sin embargo, aún con ese pequeño traspiés argumental, la película de Alejandro Landes, es una absoluta obra maestra visual. Esta cinta le da frescura al cine colombiano desde su preconcepción de la fotografía, pues me atrevería a decir, que basándome en lo último que he visto, esta es la película con mejor fotografía de la historia reciente del cine colombiano. 

Esta será la experiencia que como espectadores vamos a disfrutar al lado de su impecable diseño sonoro. La historia crea imágenes muy poderosas, muy memorables, y es precisamente eso lo que la hace maravillosa, porque a diferencia del resto del cine nacional colombiano, que está basando en momentos, esta película está basada en imágenes imprescindibles para el estudio de la luz. 

El director se permite viajar por los tonos cromáticos de la diversidad colombiana, te lleva del frío al calor, logrando que en ambos ambientes, no solo veamos el páramo o la selva, sino que sintamos su temperatura. 

Por otro parte, las imágenes no serían nada, sin los personajes que retrata, un grupo de guerrilleros adolescentes que tras fallar una sencilla misión, decide rebelarse ante la “organización”. La película nos contará la historia de sobrevivencia de este frente. 

La cinta ha sido aplaudida en diferentes festivales internacionales, en los que se destaca el de Sundance y Berlín. Recientemente se estrenó en la plataforma de Netflix, ocupando el puesto 5 en el Top 10 de Colombia.

Por: Marcelino Cuéllar Castro

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