Por Carla Duimovich Nigro

Scream (2022) de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett es una película para fanáticos. En su primera escena se reproduce la apertura de la original del 96: ghostface mantiene a su futura victima en el teléfono y al finalizar su juego termina con la vida de Drew Barrymore en el primer cuarto de película. En esta ocasión, el nuevo juego consta en preguntar y responder acerca de la propia franquicia de Scream, desconocida parala joven Tara (interpretada por Jenna Marie Orteg).

Stab (Puñalada) aparece como reemplazo del nombre de la película dentro de la película; pero Tara es seguidora del “cine de terror” (nombra a Babadook como su preferida) y, como ferviente seguidora del “buen” cine, desconoce mucho de Stab (la escena se aprovecha para hacer explicitas las ya conocidas opiniones sobre Scream). Así comenzamos a ver la iniciación de lo que será una larga crítica hacia aquellos que crecieron con Scream, saben sus diálogos, forman parte del fenómeno, lo introdujeron a otras generaciones y, sin embargo, alejan a este tipo de producciones de su pertenencia al mundo “de género de terror”. Quizás por haber dado comienzo a toda una seguidilla de películas más o menos similares, taquilleras, con anunciados jump scares y el cumplimiento a raja tabla de las “leyes del terror” de la industria… Pero funciona así: la niegan a pesar de que, en la intimidad, por algún motivo, les haya gustado ver a Sidney Prescott (Neve Campbell) intentado sobrevivir a la muchachada con máscaras y cuchillos de carnicero. A lo largo de la película, esta idea también se profundiza a partir de varios diálogos disparadores (igual de explícitos pero menos directos) que juegan con las concepciones sobre lo que se considera cine de terror o suspenso: “¿viste Psicosis?” y a continuación nos muestra el registro similar al de Psicosis (de Hitchcock), en una escena en donde ghostface pareciera apuñalar al chico mientras se ducha.

Vamos al grano: Scream es un slasher completo y a quienes no le gusten este tipo de películas: allí está la puerta. Sencillamente fue (y sigue siendo) LA película de los noventa que marcó a toda una generación. Esta entrega logra su propósito y recupera la esencia de la original noventera de Wes Craven (fallecido en 2015), a quien homenajean y dedican la película número cinco. Por ello, Scream 5 mantiene relación directa con sus producciones anteriores y se alimenta de este punto. Durante toda la película se desarrollan extensas charlas sobre cine de género y se ironiza sobre lo que hay que hacer según tal o cual película o escena. Es más, se retoma la casona original de la primera película, en donde los propios protagonistas están mirando Stab (Scream) mientras hablan sobre los asesinatos: ¿refrito? Sí. El alimento es el pasado y, a su vez, vuelve como un regalo para los fanáticos.

Atestiguamos a la triada estelar, Gale Weathers (Courteney Cox), Dewey Riley (David Arquette) y Sidney Prescott, haciendo de las suyas, concediendo a los fanáticos varios momentos de nostalgia y risas 25 años más tarde. Frases como “acá tenés a las originales” se repiten más de una vez. Sin embargo, no se hace abuso de sus presencias, generando con el nuevo cast un equilibrio bastante notable. Es decir, sucede que al integrar al cast original con uno nuevo se produce un solapamiento de uno sobre otro que no contenta a la mayoría; pero este no es el caso, no se forzaron los tiempos en el paso de antorcha.

La nueva Sidney se llama Sam y está interpretada por Melissa Barrera ¿Promete? Sí, claro. En la escena final abre la puerta a la continuación de la franquicia, generando ilusión en los espectadores. Así que se viene un nuevo hilo de historias intrincadas para alimentar la mente de nuestros asesinos y algunas nuevas películas de la franquicia que prometen ¿Estamos a salvo? Sólo por ahora.

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VíaMundo Películas
FuenteCarla Duimovich Nigro
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