Por Carla Duimovich Nigro

En la actualidad, Lydia Tár, interpretada por Cate Blanchett, es la directora de la Filarmónica de New York, acaba de lanzar su libro Tár on Tár y trabaja sobre la sinfonía N5 de Gustav Mahler. Decididamente, ante los ojos del mundo, Tár es un ser excepcional, un maestro y un dios del tempo. La actriz Noemi Merlant, su asistente y discípula, interpreta a un personaje que (al comienzo) nos aleja de aquella mujer imponente en Portrait de la jeunne fille en feu, de Celine Sciamma. Nina Hoss interpreta a Sharon, la esposa de Lydia y primer violín de la Filarmónica; Mark Strong, como su colega y amigo y Sophie Kaver como Olga, la violonchelista y nueva obsesión de Lydia.

Todd Field escribió y dirigió Tár, una película con un carácter que huelga en la actualidad. Cuando en clase solemos comenzar diciendo que las obras audiovisuales son un 50/50, dándole importancia constitutiva tanto a los aspectos sonoros como visuales, estamos hablando de películas como Tár que, al detalle, compone una propuesta estética holística que ofrece sensaciones, preguntas (muchas preguntas) y ninguna respuesta.

El director escribió una película magistral sobre el poder, lo que acostumbramos llamar radiografía del poder, pero sin proponernos un juicio moral sobre los protagonistas o sus acciones; pretende que saquemos nuestras propias conclusiones sin desviar la atención hacia respuestas cristalizadas. Este es uno de los pilares en este film: propone sentimientos y preguntas que encierran tal complejidad que, en este caso, sólo encuentran conducto en la música. La composición del guion consigue representar cómo se ejerce el poder en ciertos círculos y, sobre todo, cómo lo observamos nosotros como espectadores, qué nos hace sentir, cómo lo juzgamos, con qué mediciones.

La película inicia con Tár siendo entrevistada en el silencio de un anfiteatro repleto. La presentación es larguísima, imposible, sin duda nos indica la influencia de Lydia en el mundo. Su asistente, nerviosa, sigue la oratoria del entrevistador con una mímica muda. Fue quién escribió el texto, sólo ella sabe a la perfección quién es Lydia Tár: la desea, la apaña, conoce sus obras, su intimidad y sus secretos.

Cuando se compone música lo que se intenta expresar es un sentimiento (o varios), a diferencia de otras artes que explican, argumentan, representan. La música (y a veces la poesía) recorre el cuerpo desde adentro, busca saciarnos espiritualmente y, Tár (la película), viene a mostrarnos cómo conseguirlo a niveles cinematográficos, cuidando cada detalle al punto tal de que cada uno de los personajes tiene un tempo medido al caminar, al hablar, al realizar un gesto que revela lo que varias líneas de diálogo o al proponerse sostener una mirada como si fuera una nota suspendida en el aire.

Cronos (o Tár) se adueña del tiempo. En sus direcciones nadie puede iniciar sin mí, dice; el tiempo es la clave secreta de la interpretación y el personaje de Cate sabe jugar con eso. Un poder a gusto de su narciso, de su deseo, de su control. Pero no basta con el talento para mantenerse en el poder (por decirlo de algún modo), se necesita de personas, de acciones, que ayuden a la permanencia. Los personajes alrededor de Lydia hacen que se mantenga ese estado de las cosas: su esposa, con quien tienen una hija; su asistente, sus colegas, sus músicos. Pero, como pasa en las mejores tragedias, algo viene a romper con ese pretendido equilibrio, con ese verticalidad. Lydia se siente intocable y, sin embargo, el sonido salvaje de un violonchelo destruye su control, la hace cometer errores, la deja al descubierto: los imperios caen, las personas huyen como cualquier animalito ante el peligro.

Para profundizar en la idea, Todd trae grandes temas: ¿qué es el tiempo? ¿qué es el arte? Pero también: ¿cómo funciona lo instituido para una mujer dentro del mundo de la música? Y para ello, busca reconocer cuáles son las estructuras de poder que siguen instituyendo el status quo. En este sentido, nos lleva a pensar qué pasa cuando el poder es ejercido por una mujer y los problemas estructurales continúan siendo los mismos.

Otros temas de actualidad son trabajados en el guion, como el consumo ansiolítico y la cultura de la cancelación: ¿es para todos igual? ¿es justa? si una mujer (trava, trans, no binarie) hace lo mismo que un hombre cis ¿tiene la misma repercusión en las redes? Estos temas son atravesados por la gran línea argumental de Tár que se despliega en torno a las valoraciones que separan a la obra del artista y, en consecuencia, las determinaciones que en la actualidad generan un viraje hacia la cancelación.

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VíaMundo Películas
FuenteCarla Duimovich Nigro
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