Juan Pablo Sáez es periodista de formación. Los comienzos de Operación Réquiem fueron en el año 2012 en el taller de Jaime Collyer, luego continuo escribiendo su obra en el taller de Pablo Simonetti entre el año 2012 y 2015. Una segunda versión, la definitiva, fue trabajada en el taller de Matías Correa, en 2016. El escritor define su obra: “Escrita por mí pero trabajada comunitariamente.”

La novela tiene un ritmo bastante cinematográfico y también mencionas a varias películas, sobre todo a Taxi Driver, ¿en algún momento imaginaste que fuera una película en vez de una novela?

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No, la verdad siempre la pensé como una novela. De hecho, inicialmente era mucho más rebuscada e intimista y con un lenguaje menos simple. Era mucho más detallista. Pero de a poco fui aprendiendo que en las historias de suspenso el ritmo rápido es esencial y para eso tuve que cortar mucho contenido. Lo del ritmo cinematográfico viene de mis estudios en cine que hice en los años 90, en el instituto ARCOS. En ese tiempo vi muchas películas y por supuesto los clásicos de Scorsese. No conozco ningún fan del cine que no haya sido marcado por Taxi Driver. Te marca desde diversos ángulos: desde la actuación maravillosa de De Niro, Foster y Shepherd pasando por el guion de Schrader y la música de Bernard Hermann, el mismo de Psicosis.   

¿Qué importancia tienen para ti a nivel personal estás películas que mencionas en el libro?

Taxi Driver es como cuando hablamos en literatura de un muy buen libro, de un muy buen cuento. De esas obras que te marcan y que envejecen muy bien. Yo la vi por primera vez como a los 18 años y la he vuelto a ver en distintas etapas de mi vida y me sigue pareciendo una obra muy redondita. La Última Tentación la he visto un par de veces pero no considero que sea la mejor obra de Scorsese. Esta película la puse en la novela porque tiene más bien un significado de época pues estuvo prohibida en Chile hasta bien avanzada la transición. El Lado Oscuro del Corazón y Carrie 2 son películas que cito exclusivamente para ubicar al lector en la época en que transcurre la acción pero están lejos de ser mis favoritas. El Lado Oscuro la volví a ver hace poco y envejeció muy mal. 

Si pudieras elegir a un director para hacer la película del libro, ¿a quién elegirías? ¿Y por qué?

David Fincher, todo el rato. Esta historia me la imagino oscura, con la cadencia lenta y la tensión que caracterizan a los mejores filmes de Fincher, como Seven y Zodiac. Mark Ruffalo podría ser Julián. 

¿Y cuál sería el elenco?

A parte de Ruffalo, Gary Oldman como Fábrega, la Kuppenheim como Ana, Daniel Day Lewis como Gorostiaga. 

¿Cómo fue el proceso de creación de tu libro?

En el inicio la novela giraba más en torno a los fantasmas que perseguían a Julián (su separación, la partida de su mujer y su hija) que en la desaparición de Verónica G. Luego la historia fue tomando forma de thriller y fue adquiriendo las características propias de este género. Para escribirla hice una escaleta que cambié en dos ocasiones y antes de la escaleta analicé minuciosamente la novela Estrella Distante, de Bolaño. En principio quería imprimirle a mi novela la tensión que recorre la novela de Bolaño, esa sensación de que algo inminente está por ocurrir. Ya hacia el final del proceso, fueron importantes la novela La Vida Doble, de Fontaine, que relata en primera persona las vivencias de una exmilitante de izquierda que se vuelve colaboradora de la policía secreta de Pinochet, y la segunda entrega de la trilogía Millenieum, de Larsson. De esta última rescaté el frenetismo que la caracteriza.    

¿Qué fue lo más difícil de escribir este libro?

El final, de todas maneras. La novela cierra con un hecho que toca peligrosamente la frontera de la inverosimilitud, enemiga número uno de cualquier historia. Para evitar la inverosimilitud es necesario “arropar” la historia con detalles, climas y personajes que hagan que el lector jamás ponga en duda lo que va a ocurrir. Esa mezcla de detalles, climas y personajes fue muy difícil de lograr en una primera instancia. De hecho el final fue reescrito en dos oportunidades.  

¿Por qué crees que ya no existen hoy movimientos u organizaciones como el MJL o FPMR?

Yo creo que siguen existiendo, pero en versión micro. Movimientos pequeños, con objetivos muy definidos y particulares. Lo que pasa es que el MJL o el Frente tenían razón de ser en tiempos de dictadura, cuando el enemigo estaba muy claro quién era. La proporción de estos grupos y su preparación obedece a la proporción del enemigo: grupos grandes para enemigos grandes. 

¿Qué nos podrías contar sobre cómo fue este periodo de transición a nivel de cine en Chile?

El cine chileno vivía en una pobreza franciscana en esos tiempos. Tú ves Jonnhy Cien Pesos y te da vergüenza ajena. Lo que pasa es que en esos tiempos hacer cine, incluso hacer cortometrajes, era muy caro. Se consideraba que hacer cine suponía rodar en 35 mm. Si no rodabas en 35 mm no era cine, lo que te obligaba a disponer de todo el aparataje que significa rodar en este formato; y no sólo rodar, sino que también posproducir: el montaje se hacía en moviola. Con la irrupción de la tecnología se democratiza el acceso a la producción y posproducción de películas y hoy día ya puedes hacer un largo con tu Iphone y editarlo en tu propio laptop. Así y todo hay ejemplos destacables del cine chileno de los 90, como las películas La Frontera, de Larraín, y La Luna en el Espejo, de Caiozzi, que fueron premiadas en el extranjero. Otra cosa que hay que subrayar es que, en el cine chileno de los 90, se produce una división muy clara entre los directores que plantean apartarse del “pasado histórico” y mirar hacia el futuro y otros que revindican el recate de la memoria histórica. Aquí encuentras productos tan disímiles como El Chacotero Sentimental, que no es más que un burdo pegoteo de cortometrajes que giran en torno al sexo, y Amnesia, que pone en escena el encuentro casual en los 90 entre un viejo militar y un exsoldado de un campo de concentración en tiempos de dictadura. En mi opinión, hacia el final de los 90 el cine chileno sufrió una involución de la que salió recién hace pocos años.

¿Qué películas crees que fueron las más importantes y que más nos influyeron como sociedad en esa época?

Es una pregunta difícil de responder. Aventurándome, diría que los filmes masivos que influyeron mayormente a la sociedad pero sobre todo a otros cineastas fueron: Pulp Fiction (donde el asesinato de Travolta a mitad de película dejó atónito a todo el mundo), Forrest Gump (que presentó por primera vez ese efecto de hacer que un actor hable con personajes históricos ya muertos, como Hank conversando con Lennon), El Silencio de los Inocentes (un thriller construido como relojito suizo), Trainspotting (una especie de Naranja Mecánica 2.0) y Toy Story. Me refiero a películas de gusto masivo; dejo fuera al cine arte.  

¿Por qué crees que en este tiempo desde ya varios años ha habido una tendencia a reescribir o enfrentar nuestra historia a través de la ficción?

Porque creo que es una forma de mirar la historia de nuestro país desde otra perspectiva. Te permite separarte de la historia oficial y contar los recovecos de ella, lo que no se ve. Y para eso utilizas artimañas como la ficción. Ahora bien, yo soy de los que piensan que este ejercicio no está muy extendido en Chile como sí lo está en otras partes de Latinoamérica.

¿Por qué crees que los jóvenes están tan poco interesados en la política, más allá de toda la desilusión por la corrupción que en realidad siempre ha existido?

Creo que forma parte de un fenómeno mundial. La despolitización es un efecto del individualismo, propio de las sociedades capitalistas desarrolladas o en vías de desarrollo. A eso súmale que, aunque en su mayoría los jóvenes no están bien informados, sí están expuestos a mucha información hiper-simplificada que hace que se sepan más cosas sobre tal o cual partido político, de manera superficial. La gente está más expuesta a información que le llega de rebote, vía twitter o face, sin que eso signifique necesariamente que estén enterados de la complejidad de los temas. De paso, eso facilita muchísimo los fake news, tan de moda hoy en día.  

Para ti, ¿cuál es el mensaje más importante de “Operación réquiem”?

Se me viene a la mente una frase que dice: “Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Por Jorge Yacoman

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