Cada tanto se decide cambiarles el grupo étnico a personajes tanto ficticios como reales. Cuando esto sucede diferentes sectores de internet se vuelcan a los foros de debates y cajas de comentarios para hacer patente su desagrado. Las posturas van desde quienes lo aprueban hasta quienes lo rechazan y todo lo que está en medio. Con el casting de Halle Berry, actriz afroamericana, para interpretar a Ariel en la versión Live Action de La Sirenita este tema volvió a la mesa de discusión con diferentes perspectivas. Pero si nos vamos a la historia de Hollywood podemos saber que sí, indudablemente a la industria de cine estadounidense le encanta cambiarle la raza a los personajes, pero para hacerlos blancos y no al revés.

¿Por qué es importante la raza de Ariel? Si bien el autor de la historia original es danés, ningún elemento propio de su narrativa implica que deba ser de un color u otro. Al estar despojado de toda referencia cultural, la historia funcionaría si fuera contada desde una perspectiva asiática, europea, latinoamericana o africana. No es lo mismo con otras historias como La Princesa y el Sapo (una historia sobre las dificultades de una mujer negra en cumplir sus sueños), Moana (Un conglomerado de leyendas polinesias) o Pocahontas (Versión endulcorada de las luchas entre ingleses y pueblos nativos americanos), historias que muchos usuarios de internet han bromeado con que Disney debería hacer ahora utilizando actrices blancas, pero si eso pasara no sería la primera vez.

Angelina Jolie interpretó a Mariane Pearl,  una mujer afrocubana en su biopic, Un corazón Invencible. En El Llanero Solitario, Jhonny Depp interpretó a Toro, un nativo americano. Ben Affleck interpretó al mexico-estadounidense, Antonio J. Mendez. Rooney Mara interpretó a la nativa Tigrilla en Pan. Scarlet Johanson hizo de la japonesa Mokoto Kusanagi en Ghost in the Shell. La lista sigue y se extiende hasta los orígenes de Hollywood.  Marlon Brando, Mickey Rooney, Laurence Oliver, Natalie Wood, Katherine Hepburn, Elizabeth Taylor, etc. Todos actores blancos interpretando gente de otros grupos étnicos. Nunca a la inversa.

Naturalmente se puede argumentar que estos personajes no son tan conocidos como Ariel, y que la decepción por la elección de casting no es por racismo sino por no poder ver representado a un personaje de la infancia de la manera en que se recuerda, y es totalmente cierto y valido. Más que la piel blanca, lo icónico de Ariel es su cabello rojo ondulándose como fuego en el mar. Y es entendible la decepción de muchos fans al no poder ver eso en pantalla, pero el debate va más allá que la nostalgia de treintañeros decepcionados sino acerca de la disparidad en la representación de una industria diseñada para alcanzar al público en todo el mundo, una industria que ha borrado conscientemente los rostros de personas de color desde sus inicios.

 Si nos vamos a los datos puros, sabemos a ciencia cierta que el 94% de los miembros de la Academia de Artes Cinematográficas Estadounidenses son blancos, el 76% son hombres y la media de edad son 63 años, según el reporte del Centro de Estudios Afroamericanos de la Universidad de California. Estas son las personas que están decidiendo qué historias se cuentan y cómo. El resultado es que el 75.2% de personajes con diálogos vaya a parar a actores blancos. ¿Esos datos lucen como una dictadura de la corrección política?

Está bien que no te guste la nueva Ariel, y no eres racista por ello. Pero es innegable que Hollywood ha tenido prácticas que segregan y eliminan a personas no blancas de manera histórica y sistemática. Y actualmente estas historias no solo van a parar a las familias americanas promedio como cuando fueron inventadas sino a personas de todo el mundo que ansían verse reflejados y reflejadas en sus personajes favoritos –niñas pequeñas, en este caso, y no adultos jóvenes-. Disney no tiene demasiadas mujeres de color en sus historias (Mulán, Moana, Tiana, Jazmín, Esmeralda y Pocahontas), una más, en el peor de los casos, no le haría daño a nadie.

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