Por Jorge Yacoman

La historia se va desarrollando a través de breves fotogramas que muestran a una joven pareja, Laura y Diego, en su primer día juntos en un tranquilo domingo de noviembre que gira entorno a la maratón de Santiago.

Las escenas de esta pareja son protagonizadas por Laura quien es la dueña del departamento el que está ubicado en el centro. Cada escena se representa y titula con un kilómetro de los cuarenta y dos en total de la gran maratón. Hay muchos temas sin resolver entre ella y él, pero ambos evitan el conflicto mediante una ironía pasiva y existencialista que deja ver la distancia que hay entre ellos. El placer sexual pareciera ser lo que más los une y la forma en que pueden entenderse mejor, agregando muchos cigarros y cervezas entre medio. La maratón se intercala con escenas de ellos y se presenta como un instructivo con todas las formas de preparación, físicas y mentales, previas, durante y posteriores a la gran corrida. Laura y Diego se interesan en los corredores que van pasando fuera de su ventana e intentan descifrar sus pensamientos y motivaciones de la misma forma en que lo hacen entre ellos mismos.

Es un libro con una visión a veces autoral, a veces arriesgada. Tiene una narrativa rápida y breve, con detalles precisos que no interfieren con los personajes y los dejan ser y exponerse en gran parte a través de diálogos que son bastante naturales y fluidos. Laura es un personaje con algunas obsesiones que la hacen más interesante, más compleja y real, mientras que Diego tiene fijaciones y mañas más superficiales.

El mensaje de la novela no es explícito y tampoco intenta sostenerse por clichés, lo cual es uno de los más aspectos más atractivos del libro, pero la conexión entre la maratón y esta pareja al final pareciera ser sólo una forma de darle una circularidad a la historia, como una alegoría, y ésta a primera vista podría ser compleja o incluso difícil de ver debido a su estructura abstracta, pero no esconde gran profundidad a medida que estos personajes se van atrapando en imágenes y comportamientos muy superficiales como el escape al cigarro, a la cerveza, y a objetivos y planes que parecen ser sólo caprichos. Quizás si los personajes no evadieran las preguntas que hay entre ellos y las enfrentaran desde un principio —lo cual parece ser una decisión de la autora y no por alguna inhabilidad, trauma o indiferencia de los personajes—, la historia terminaría en las primeras páginas y ese pseudo-existencialismo sería sólo como el disparo de partida para la maratón. Esto se puede entender como un dilema común de la vida en sí,  sin embargo, el lector se queda sin las herramientas esenciales para poder recorrer ese vacío y esa larga distancia, se queda sin un trasfondo y una motivación psicológica y se enfrenta a una soledad propia.

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