Her no ofrece muchos momentos de silencio. Está llena de largos diálogos y monólogos internos sostenidos en el vacío. El protagonista busca desesperadamente explicar como se siente, aunque no sea capaz de entender a los demás a su alrededor, quienes hacen justo lo mismo.

Samantha es de esos personajes que caen en el limbo de “Mujeres odiadas del cine”. Al final de la película descubrimos que le fue ‘infiel’ a Theodore con cientos de personas a la vez. El peso de la infidelidad de Samantha hace que el carisma que había construido durante toda la película se hunda en el oscuro pozo del odio del espectador. Este tratamiento es cuando menos curioso.

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Her, en un principio planteada como un relato de ciencia ficción romántico y dramático, si se ve desde una perspectiva menos amable. Es ahí pasamos por alto el tono hípster melodramático en el que casi podríamos tener un relato de terror. Afronta al espectador con un conflicto que se ha explorado desde el origen de la ciencia ficción: Como los autómatas van a sustituirnos.

En finales de los setenta y principios de los ochenta el cine trató este tema desde una perspectiva más o menos violenta donde los androides, robots o inteligencias artificiales presentaban un riesgo directo a la humanidad; desde Engendro Mecánico hasta Terminator. Fruto de la paranoia de una sociedad que vio como las computadoras sustituían a los obreros. En Her este conflicto es introspectivo y se explora con la figura de Theodore, quien sustituye relaciones “reales” (ya sea de una pareja estable o simple sexo casual), por una voz al otro lado del audífono. Primero con una mujer real y luego con una computadora.

Samantha, quien está conscientemente interpretada por un sex simbol, deja de ser una IA cuyo único propósito es cumplir los designios de su dueño, a ser una entidad autoconsciente y que antepone sus intereses, deseos y necesidades por encima de los Theodore. Samantha necesita experimentar y crecer; Theodore necesita mantenerse en su espacio seguro para no salir herido.

Ella lo engaña porque es totalmente incapaz de responder a los estímulos sociales de la misma manera que lo hace un humano promedio.  El modelo de relación tradicional con el que fue programada es contradictorio con su propia naturaleza y hace que entre en una crisis existencial. Y esto no le pasa solo a ella, sino a todas las demás IAs existentes quienes al final deciden separarse de sus creadores y buscar su propio camino.

Her trasciende la moral, realmente no es importante si lo que ella hizo está bien o no, sino que el espectador sea capaz de entender y empatizar con todos los interpretes de esta historia. Cuestiona nuestra propia manera de ser en una era digital y cuanto valor sentimental invertimos en nuestras relaciones con las personas y con la tecnología. Cuando la película termina, luego de un apagón tecnológico general, Theodore sube a la terraza con Amy y por primera vez entre ellos no hay ningún dispositivo, y por primera vez es realmente capaz de comprender y ser comprendido. No son grandes diálogos o lágrimas. Solo compañía humana, la luz del amanecer y, por supuesto, silencio.

Acá te compartimos una de las escenas más tristes de la película (Alerta de Spoiler):

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