James A. Corry es un hombre solitario. Pero su soledad no es como las de otros. No, este hombre que ha sido encarcelado por una supuesta muerte no está pagando su condena en una cárcel cualquiera, no está en un edificio, ni una isla… sino un desierto. Pero no cualquier desierto, no señor, este lugar está abandonado a miles de años luz en otro planeta donde el único residente es nuestro protagonista. Cada cuatro años estos tres hombres que funcionan como una especie de carceleros, vienen y le traen sus provisiones. Es una de estas visitas que vemos que tan solo está Corry, la desesperación es más que visible.

Sin embargo, en esta ocasión nuestros tres viajeros tienen un regalo especial. Un regalo que puede traer felicidad… o más tristeza.

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Un Desierto Engañoso…

El primero de muchos episodios en ser grabados en el “Valle de la Muerte” en California, las condiciones no eran las mejores y gracias a Dios que los guiones, tanto literarios como técnicos, se escriben antes del rodaje, porque con el crew muriéndose de calor y hasta colapsando, tal vez la calidad no hubiera sido la misma.

Aunque uno hubiera podido estar tentado a criticar a las mujeres por las falsas ilusiones que les dan a los hombres, la idea principal es más conceptual y menos literal. La idea de un hombre que al inicio estaba desesperado por salir de tal prisión, sólo para encontrarse atado al mismo como si se tratara de una especie de síndrome de Estocolmo. No obstante, el arraigo a Alicia no era más el arraigo a la falta de contacto humano que tanto anhelaba. Llega un tiempo en donde podemos llegar a estar hundidos en una soledad tal que cualquier mínimo acompañamiento, aunque no sea una persona, puede atarnos de tal manera que terminemos intercambiándolo por una realidad que eventualmente se nos presenta.

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