He de admitir que algunos clásicos del cine pueden resultar poco digeribles para aquel espectador de turno que solo quiere pasar una tarde de entretenimiento, incluso algunos cinéfilos se pueden encontrar auto-forzados a ver un filme complejo y experimental solo por el prestigio que se le adjudica. Sin embargo, también está la otra cara de la moneda, clásicos cuya esencia carga una contemporaneidad tal que parecen congelados en el tiempo. Una filmografía que logró trascender generaciones y ser elogiada tanto por su forma artística como por su trasfondo intelectual, es la del mítico director inglés Alfred Hitchcock.

Pero empezar a hablar de este director ciertamente tomaría más de un artículo de lectura rápida como este, ya que en toda su carrera realizó más de cincuenta películas dirigidas cada una con tan particulares convenciones que nos han heredado gran parte de lo que es el cine hoy en día. Con sus películas Hitchcock se convertiría en el pionero del voyeurismo, del recurso Macguffin y, por supuesto, en el indiscutible padre del Slasher. 

Y sin embargo, dentro de la rica filmografía que nos dejó el director, no hay relato de mayor encanto, misterio y lujuria que Vértigo. Una vez más me dirijo al consumidor casual y le pregunto si es la primera vez que escucha a un lame-suelas de la cinta protagonizada por Kim Novak y James Stewar. Voy a anticiparme asumir que no lo es. Y creo que en un punto a cualquiera se le hace fácil asimilar que algo es bueno porque todo el mundo lo está diciendo. No obstante, admito que me quedaría corta si digo que son demasiados los aspectos interesantes presentes en Vértigo y que valen la pena repasar si es necesario una y otra vez. 

El análisis a continuación contiene spoilers de la película.

La cinta hace su apertura con el protagonista atravesando el episodio que posteriormente lo hará padecer de vértigo, otorgando perspectivas que nos hacen ver a través de los ojos del personaje, el cual durante una persecución acaba encontrándose colgando de un techo a varios metros del suelo. De lleno una escena que establece los criterios con los que se va a desenvolver la narrativa: nosotros solo veremos lo que el protagonista ve (al menos por gran parte de la cinta, pero ya llegaremos a eso). Aquello es lo más importante y una característica que destaca de los filmes de género neo-noir, el hecho de que el espectador solo descubre lo que el protagonista descubre.

En general es bastante acertado describir a vértigo como una historia de cuatro actos muy marcados. Los tres primeros siguiendo una estructura más convencional que consta de presentación o inicio, seguido de un nudo, y un desenlace. No obstante, es el giro de tuerca en el tercer acto y lo que continúa en el cuarto dónde se encuentra parte de la esencia de lo que hace destacar el filme, pero vayamos por partes. 

El protagonista de esta historia es Scottie, un hombre que a raíz de un incidente se retira de su trabajo como detective. Tiene una buena amiga llamada Midge que cuida y está pendiente de él. La psicología de los dos personajes es establecida a través de sutiles y orgánicas connotaciones en los diálogos. Ambas personalidades se muestran muy marcadas, con mucho carisma y coherencia.

Scottie denota ser un hombre muy confiado y leído, da a entender que la gente de su entorno lo respeta, aunque todo aquello también lo vuelve una persona algo arrogante y orgullosa, pero al ser tan perspicaz eso no es impedimento para que resulte carismático. Dichas características parecerían indicar que nuestro protagonista será el clásico arquetipo de héroe que salva el día resolviendo el misterio por su gran inteligencia. Y si, Scottie es un detective hábil, pero esta historia no es ningún cliché. 

A estas alturas y tan solo tratándose de la introducción, la cinta establece otra de sus características: dejar un rastro de pistas que insinúan el rumbo de la historia. La primera frase clave es cuando Midge le confiesa a Scottie que le preguntó al doctor acerca de su vértigo, a lo que este contestó que “solo otro impacto emocional lograría quitarselo”, comentario que más adelante adquiere mayor relevancia, ya que nos anticipa lo que el personaje experimenta en el conflicto de la historia y cuál será su reacción ante ello. 

Otras “pistas” son la serie de elementos simbólicos a lo largo de la cinta , cómo la presencia de espirales en los gráficos de los créditos, en el peinado de Madeleine, los travelings rotativos de la cámara o la teoría del color usada en la paleta cromática. Detalles que al ver la cinta más de una vez cobran un nuevo sentido e impacto.

Retomando el argumento, Scottie es encomendado con la tarea de descubrir que le está sucediendo a Madelaine, la misteriosa esposa de su amigo, ya que él sospecha que ella se ha encontrado esporádicamente poseída por un fantasma de su pasado. Aquella premisa no convence para nada a nuestro escéptico protagonista, y tampoco al espectador. Descifrar el enigma es el objetivo al que se aspira, y para esto, como ya se hizo mención, la película toma un rumbo de género neo-noir, por lo cual observamos largas escenas de persecuciones en cubierto, vigilancia e investigación por parte del detective. 

Pero es cuando ambos personajes están cara a cara que surge el origen del conflicto y lo que sellará su destino, En el segundo acto Scottie y Madeleine se enamoran e inician una relación a expensas del matrimonio de esta. Él quiere ayudarla pero desafortunadamente acaba presenciando su supuesto sucicidio, ya que, como consecuencia del vértigo, fue incapaz de subir todas las escaleras de la torre de donde esta se lanza. Por supuesto más adelante se nos revelaría que la Madeline que Scottie conoció fue una impostora y todo se trataba de un maquiavélico plan obra de su amigo para tener algún testigo de lo que fue en realidad un homicidio.

Después del infortunio, Scotty pierde la cordura, la culpabilidad por la muerte de Madeleine lo ha estado consumiendo, al igual que lo hizo la muerte de su compañero al principio. El tercer acto es un arco de redención para Scotty, pero este no se concreta del todo por un detalle inquietante: el desvelo de la verdad a espaldas del protagonista.

Judy, la mujer que se hizo pasar por Madeleine, capta la atención de un obsesivo Scotty mientras caminaba en la calle. Este la sigue hasta el hotel donde reside y la invita insistentemente a una cena y pese a que ella se niega reiteradas veces, finalmente acepta. Es entonces cuando el protagonista se  despide, pero la cámara no lo sigue, nos hemos quedado a solas con Judy. Y en esta intimidad es cuando, a modo de catarsis, se sienta a escribir una carta revelando la verdad del homicidio de Madelaine y toda la artimaña a detalle al espectador, confiesa sus sentimientos por su amado y finalmente, procede a romper la carta en pedazos.

La primera mitad de la película tiene una estructura narrativa que tiene como objetivo generar intriga al espectador por el misterio que Scotty debe resolver. Sin embargo, en la segunda mitad se opta por revelar de lleno al espectador una información que el protagonista aún desconoce. Generando un giro de tuerca no sólo argumental, sino también estructural, ¿Por que ahora es oportuno que el espectador conozca la verdad antes de que siquiera el protagonista la sepa?

La respuesta es que esta es una decisión clave para el suspense que se genera en adelante en la historia. Ahora el origen de la intriga surge de la necesidad por saber que reacción tendrá el personaje cuando se entere de tan terrible verdad, sabiendo además lo perturbado que se ha encontrado tras el incidente. 

Durante este acto vemos constantes simbolismos cómo las tomas de Judy (de perfil o el alto contraste en su rostro alumbrando un lado y dejando el otro en la oscuridad) acentúan la dualidad de su personaje, sus dos personalidades. Pero sobre todo, también resalta el brillante verde que emana del letrero del hotel, que ofrece una atmósfera fantasmagórica. Como si en realidad la muchacha hubiera regresado de entre los muertos. 

El culminar del tercer acto tiene una composición típica de final de ensueño, la música y la imagen presuponen un entorno romántico que aspira a ser la conclusión de una bienaventurada historia de amor. Parece que la historia debería cesar en ese momento. Nos gustaría. Pero aún queda un epílogo donde se llevará a cabo la última tragedia. 

Vértigo es sin lugar a dudas una pieza esencial de la historia del cine. En este análisis hemos destacado la estructura narrativa, pero de esa misma manera resaltan cantidad de características más. Por mencionar algunas está la forma en la que usa a su favor la iconicidad de la imagen y la estética visual, lo cual ha sido un punto de referencia para una larga lista de otros importantes firmes de la época dorada y la actualidad también. Un momento cumbre en la carrera de un director obligatorio para cualquiera que disfrute del séptimo arte, o simplemente de las buenas historias.

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VíaMundo Películas
FuenteHaila Linares
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