Isle of Dogs de Wes Anderson a los Oscar 2019

Por: Marcelino Cuéllar Castro

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Una de las categorías más importantes de los Oscar’s es la de Mejor Película de Animación, y pese a que siempre ha habido una gran hegemonía del galardón para películas de Pixar, este año el escenario parece un poco distinto.

En primer lugar, en los Globos de Oro, que se consideran los pre-oscar por lo premonitorios que pueden llegar a ser, la película que ganó esta categoría fue Spider-Man: Into the Spier-verse una producción de Sony y Marvel Studios, y considerando esta premisa, ya que las cinco nominadas a la Academia son las mismas que compitieron por el Globo de Oro, se supondría que Spider-Man se quedará con el galardón.

En segundo lugar, las dos nominaciones que tiene Pixar, The Incredibles 2 y Ralph Breaks the Internet, no llegan al certamen con grandes méritos más allá de su éxito en taquilla. Solo la primera logró quedarse con la Mejor Película de Verano de los Teen Choice Awards y el Mejor Éxito de Taquilla de los Golden Trailer Awards. Ralph no ha ganado nada.

Finalmente, las otras dos nominadas ‘Mirai no Mirai’ e ‘Isle of dogs’ vienen de festivales como Cannes y Berlín respectivamente, en donde esta última representó el Oso de Plata para Wes Anderson como mejor director. Precisamente sobre esta última es que quiero hablar, pues más allá de cuál sea la mejor de las cinco, quiero exponer por qué considero que el segundo Stop Motion de W. Anderson debería llevarse el premio a casa.


Aclamación universal

La crítica mundial la amó y es que no hay de otra. Esta cinta que desde antes de verla nos anuncia será toda una experiencia, resulta al final una poderosísima mezcla de técnica, estilo y ritmo. El obsesionado sentido estético de Anderson desborda cada plano e hipnotiza. Pero la aceptación no solo viene de parte de los académicos, sino del público y por supuesto de los fanáticos de Wes Anderson, que vieron con buenos ojos el regreso al Stop Motion de uno de los maestros de la simetría contemporánea.

La técnica y la onda  

Como titánica debe definirse la producción, pues se realizó con estándares tan altos que pocos, muy pocos equipos creativos resistirían. Por mencionar un ejemplo, basta con decir que solo la escena del sushi llevó un tiempo de realización de seis meses para lograr 45 segundos de metraje. Por su parte, la banda sonora estuvo a cargo del increíble Alexandre Desplat, quien ya había trabajado al lado de Wes Anderson, en ‘The Grand Budapest Hotel’, cinta por la que se llevó el Oscar a Mejor Banda Sonora.


El argumento y su metáfora

Este es sin duda el aspecto que más destaco, pues no se trata solo de una cinta que vislumbra con su esfuerzo de producción y técnica, sino que además cuenta una conmovedora y profunda historia construida desde un metáfora notable: la de la negación de la otredad.

En un totalitarismo se decreta desechar a los perros, porque según el poder, poseen una enfermedad atroz que puede poner en peligro a los humanos. “La enfermedad del hocico”, es precisamente ese símil del miedo y de la manipulación que desde una condición infundada siembra el pánico en los habitantes. ¿Acaso no les suena eso a la teoría de la manipulación de Chomsky?

Pero hay más, y por supuesto es la lucha que se convierte entonces en una parábola de las “causas perdidas”, con mucho corazón, los perros y un pequeño grupo de jóvenes “pro-dogs” harán hasta lo imposible por desmantelar la cortina de humo que tiene el discurso del odio para perpetuarse en el poder. ¿Acaso no les suena a propaganda negra? Ejemplos en América Latina hay muchos.

La crítica Manohla Dargis del diario The New York Times menciona que “al dejar los diálogos de Atari sin traducir al inglés, Anderson reduce el idioma a un elemento decorativo para su obra”, pero yo quiero creer -amparado en la parábola- que es una decisión estética y de contenido, pues esta representa la fuerza, la unión de las razas a pesar de sus limitantes en contra de una supremacía asfixiante.

Tal vez el aspecto que se desmarca de allí, es que el final tiende a ser muy romántico, no hay bajas, no hay una representación real de la pérdida, y todos los personajes entrañables, inclusive los villanos, quedan intactos, en etapas de transición pero finalmente intactos.

Aterrizando, quisiera que ‘Isle of dogs’ se lleve el galardón porque es una gran cinta y deseo que esta categoría se desligue de los logros comerciales y prime la potencia de los conceptos. Además que ya es hora de que Anderson reciba el preciado galardón, pues hace rato su carrera lo amerita.

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